NOVENA ESTACIÓN
Ya caíste una, dos veces...
La rota túnica pisas;
y aún, entre mofas y risas,
tendido a mis pies te ofreces.
Yo no sé a quién me pareces,
a quién me aludes así.
No sé qué haces junto a mí
derribado con tu leño:
Yo no sé si ha sido un sueño
o si es verdad que te vi.
Y yo caigo una, dos, tres...
Y otra vez más... Y otra... Y tantas...
Siempre tus espaldas santas
me sirvieron de pavés.
Ahora siento bien cuál es
la razón de tus caídas:
Sí; porque nuestras vencidas
almas no te tengan miedo,
caes, oh, humilde remedo,
y a abrazarte las convidas.
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