viernes, 6 de marzo de 2009

VIA CRUCIS de Gerardo Diego 8ª Estación

OCTAVA ESTACIÓN

¿Qué vivo dolor aflige
a estas mujeres piadosas
–madres, hermanas, esposas-
sin culpa del “crucifige”?
Jesús a ellas se dirige.
Sus palabras oídlas bien:
“Hijas de Jerusalén:
Llorad vuestro llanto, sí;
por vosotras, no por mí;
por vuestros hijos también.

Por nosotros mismos, cierto;
pero ¿quién por Ti no llora?
Haz que llore hora tras hora,
por mí tibio y por Ti yerto.
Riégame este estéril huerto.
Quiébrame esta torva frente.
Ábreme una vena ardiente
de dulce y amargo llanto
y espanta de mí este espanto
de hallar cegada mi fuente.

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