QUINTA ESTACIÓN
Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero:
Le rinde el plúmbeo madero,
le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo:
Dure hasta el fin el festejo.
Y la muerte se detiene
ante Simón de Cirene
que acude, tardo y perplejo.
Pudiendo Jesús morir,
¿Por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte;
y grité: Aléjate, muerte;
ven tú, Jesús cirineo;
ayúdame que en Ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.
Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero:
Le rinde el plúmbeo madero,
le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo:
Dure hasta el fin el festejo.
Y la muerte se detiene
ante Simón de Cirene
que acude, tardo y perplejo.
Pudiendo Jesús morir,
¿Por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte;
y grité: Aléjate, muerte;
ven tú, Jesús cirineo;
ayúdame que en Ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.
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