ÚLTIMA ESTACIÓN
Fue un José el primer varón
que a Jesús tuvo en sus brazos,
y otro José, en tiernos lazos,
le estrecha de compasión.
Con grave, infinita unción,
el sagrado cuerpo baja,
y en un lienzo le amortaja.
Luego le da sepultura;
y una piedra en la abertura
de la roca viva encaja.
Como póstuma jornada
de tu vía de amargura,
admiro en la sepultura
tu heroica carne sellada.
Señor, ya no queda nada
por hacer. Señor, permite
que humildemente te imite;
que contigo viva y muera;
y, en luz no perecedera,
que, como Tú, resucite.
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