PRIMERA ESTACIÓN
Jesús sentenciado a muerte.
No bastan sudor, desvelo,
cáliz corona, flagelo...
Todo un pueblo a escarnecerte:
Condenan tu cuerpo inerte,
manso Jesús de mi olvido,
a que, abierto y exprimido,
derrame toda su esencia;
y a tan cobarde sentencia
prestas en silencio oído.
Y soy yo mismo quien dicto
esa sentencia villana,
de mis propios labios mana
ese negro veredicto.
Yo me declaro convicto:
Yo te negué con Simón,
te vendí y te hice traición
con Pilatos y con Judas,
y aún mis culpas desanudas
y me brindas el perdón.
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