SEXTA ESTACIÓN
Fluye sangre de tus sienes
hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
el morado rostro tienes.
Al contemplar cómo vienes,
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la Verónica
y exacta tu faz agónica
en el rostro queda impresa.
Si a imagen y semejanza
tuya, Señor, nos hiciste,
de tu imagen me reviste,
firme a olvido y a mudanza.
Será mayor mi confianza
si en mi alma dejas la huella
de tu boca, que nos sella
blancas promesas de paz
de tu dolorida faz,
de tu mirada de estrella.
martes, 3 de marzo de 2009
lunes, 2 de marzo de 2009
VIA CRUCIS de Gerardo Diego 5ª Estación
QUINTA ESTACIÓN
Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero:
Le rinde el plúmbeo madero,
le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo:
Dure hasta el fin el festejo.
Y la muerte se detiene
ante Simón de Cirene
que acude, tardo y perplejo.
Pudiendo Jesús morir,
¿Por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte;
y grité: Aléjate, muerte;
ven tú, Jesús cirineo;
ayúdame que en Ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.
Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero:
Le rinde el plúmbeo madero,
le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo:
Dure hasta el fin el festejo.
Y la muerte se detiene
ante Simón de Cirene
que acude, tardo y perplejo.
Pudiendo Jesús morir,
¿Por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte;
y grité: Aléjate, muerte;
ven tú, Jesús cirineo;
ayúdame que en Ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.
VIA CRUCIS de Gerardo Diego 5ª Estación
QUINTA ESTACIÓN
Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero:
Le rinde el plúmbeo madero,
le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo:
Dure hasta el fin el festejo.
Y la muerte se detiene
ante Simón de Cirene
que acude, tardo y perplejo.
Pudiendo Jesús morir,
¿Por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte;
y grité: Aléjate, muerte;
ven tú, Jesús cirineo;
ayúdame que en Ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.
Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero:
Le rinde el plúmbeo madero,
le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo:
Dure hasta el fin el festejo.
Y la muerte se detiene
ante Simón de Cirene
que acude, tardo y perplejo.
Pudiendo Jesús morir,
¿Por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte;
y grité: Aléjate, muerte;
ven tú, Jesús cirineo;
ayúdame que en Ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.
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