CUARTA ESTACIÓN
Se ha abierto paso en las filas
una doliente mujer:
Tu madre te quiere ver
retratado en sus pupilas.
Lento, tu mirar destilas;
y le hablas y la consuelas...
¡Cómo se rasgan las telas
de ese doble corazón!
¡Quién medirá la pasión
de esas dos almas gemelas.
¿Cuándo en el mundo se ha visto
tal escena de agonía?
Cristo llora por María.
María llora por Cristo.
Y yo, firme, ¿Lo resisto?
¿Mi alma ha de quedar ajena?
Nazareno, Nazarena,
dadme siquiera una poca
de esa doble pena loca,
que quiero penar mi pena.
domingo, 1 de marzo de 2009
Actuación de Eliossana en La Puebla de Cazalla (Sevilla)
Ayer, 28 de febrero, día de Andalucía, actuamos en La Puebla de Cazalla. Habian pasado doce años de la última actuación que tuvimos en este pueblo Salvo un breve problema técnico en la megafonía, ajeno a nosotros, todo resulto bastante bien. No se realizó al aire libre como estaba dispuesto en un principio, pues la lluvia lo impidió. Trasladaron el acto a un salón de actos cerrado. Ganamos en intimidad y silencio. El respeto del público fué digno de elogiar. Quedamos satisfechos.
sábado, 28 de febrero de 2009
VIA CRUCIS de Gerardo Diego 3ª Estación
TERCERA ESTACIÓN
A tan bárbara congoja
y pesadumbre declinas,
y tus rodillas divinas
se hunden en la tierra roja.
Y no hay nadie que te acoja.
En vano un auxilio imploras.
Vibra en ráfagas sonoras
el látigo del blasfemo,
y, en un esfuerzo supremo,
lentamente te incorporas.
Como el cordero que viera
Juan, el dulce evangelista,
así estás ante mi vista
tendido con tu bandera.
Tú mansedumbre a una fiera
venciera y humillaría.
Ya el Cordero se ofrecía
por el mundo y sus pecados;
con mis pies atropellados
como a un estorbo le hería.
A tan bárbara congoja
y pesadumbre declinas,
y tus rodillas divinas
se hunden en la tierra roja.
Y no hay nadie que te acoja.
En vano un auxilio imploras.
Vibra en ráfagas sonoras
el látigo del blasfemo,
y, en un esfuerzo supremo,
lentamente te incorporas.
Como el cordero que viera
Juan, el dulce evangelista,
así estás ante mi vista
tendido con tu bandera.
Tú mansedumbre a una fiera
venciera y humillaría.
Ya el Cordero se ofrecía
por el mundo y sus pecados;
con mis pies atropellados
como a un estorbo le hería.
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